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Si sabes mover tijera, todo sale bien.

Entrevista con Vero Sainz

Músicos, políticos, poetas y locos se han volado la cabeza, lo que les sobraba en ella, con Vero Sainz. Desde hace 20 años, esta peluquera del barrio de Polanco –Polanco, Guadalajara, no vaya a creer que DF– ha cambiado el corte de casquete que dominaba en Guadalajara, por una infinidad de estilos de cabellera, y ha logrado vivir de eso. La clave es no seguir la moda, sino la pasión, dice ella.

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¿En qué momento decidiste que querías ser peluquera?

Desde pequeña. Desde el momento que pedí una muñeca para cortarle el pelo. Las muñecas nunca me gustaron, pero yo tenía entre siete y nueve años cuando salió la muñeca a la que le crecía el cabello y se lo podías cortar. Toda la vida tuve una inclinación por los cabellos.

¿Dejaste pelonas a muchas muñecas?

A muchas. Hasta a las que no eran mías.

Hace unos 20 años empezaste en un cuartito de Polanco. Ya te tomaste toda la casa…

Trabajé desde los 14 o 15 años, en una estética no muy conocida, dentro de un club muy famoso. Ahí me di cuenta de que los espacios tienen mucho que ver con el desarrollo de lo te gusta. Mi mamá tenía un pequeño local aquí, en Polanco. Se lo pedí prestado como taller. Atendía a amigos, a algunos músicos que sólo se despuntaban el pelo. Hacía pelucas para teatro. El tallercito fue creciendo: los amigos trajeron a sus amigos y poco a poco fui tomando la casa. Ahora tenemos una peluquería completa: cambios del cabello y la piel; asesorías con empresas; trabajamos con algunos músicos y teatreros. El espacio creció con el tiempo, con la gente y conmigo.

¿Cómo han cambiado las tendencias de los pelos en estos dos decenios?

Estamos en una época muy padre porque cada quién decide qué trae. Hay muchas fusiones, que van desde los años veinte hasta los noventa. No existe un estilo definido, igual que como que ocurre con la música. Ahora las tendencias son más naturales, más desenfadadas, más libres.

¿Volverá el Súper Punk?

Las cosas vienen, se van, se retoman, pero el Súper Punk sólo fue de nosotros. Creo que es muy difícil: hay tecnologías más sanas.

Rockeros, empresarios, políticos… muchos han pasado por tus manos…

He tenido el honor de que me visite la mayoría de la gente local que en los últimos años se ha dedicado a la música… Samsara; Los Garigoles; Jaramar Soto; Lalo Green, de El Personal; Alfredo Sánchez; Telefunka; Belanova; gente de Rostros Ocultos; Radaid; Sussie 4; Siddhartha, Caloncho, Cecilia Salcedo, Tomy, Lumby… Siempre se me olvida un montón de gente.

¿Alguna anécdota memorable?

Jorge Vergara, el dueño de Chivas, llegó a la estética hace varios años. Era sábado. Había una bola de chavos, echados en los pub. El señor llegó buena onda, se cortó el cabello, conoció el lugar. Impone. Hicimos un trato: “Yo vengo cuando pueda y tú me atiendes en otro lugar cuando no pueda”.

¿Te tembló la mano?

Me tembló poquito. Su corte no estaba dentro de mi estilo. Me dijo: “Tú ponme más moderno, hazme lo que quieras”. Me puso nerviosa, porque yo estaba acostumbrada a puro chavo. Ahora ya no me dan nervios.

Será que tienes buena mano

No sé qué es la buena mano. Cuando sabes reconocer las cabezas y los gustos de las personas y sabes mover tijera, todo sale bien. Si no tienes sensibilidad con el cabello, si no sabes mover tijera, no. Para mí el cabello es como una plastilina. No es sólo cortar, medir, que todo quede exacto. Yo no mido nada; puedo estar cortando, platicando y viendo a alguien más.

En la Guadalajara que se debate entre lo mocho y lo liberal, ¿cómo explicas que tu estilo haya sido aceptado?

Por la gente que viene aquí. No estamos ni en una avenida ni a la pasadita, donde la gente puede llegar. Estamos en el barrio de Polanco. La gente viene a buscar lo que ofrecemos. Alrededor del año 2002, traje a Guadalajara una propuesta; me encantaba el estilo de los años setenta y los ochenta. Hice una pasarela súper ochentera. Así me fue. La banda decía: “¿Quién se va a hacer esos cortes? Eso no va a entrar a Guadalajara”. En 2004, la mayoría de mis amigos andaba con los pelos parados. Por esa tendencia nos hicimos conocidos.

En estos 20 años, ¿Guadalajara se ha transformado en una ciudad de vanguardia?

Guadalajara tiene gente muy creativa –se nos ha fugado la mayoría–. Dicen que es la ciudad de México; yo digo que es Guadalajara: aquí la gente se atreve a usar las cosas… por lo menos, en el medio donde me desarrollo: con músicos, poetas, escritores.

La moda y la cabellera están asociadas con la frivolidad. ¿Hay escape?

Depende cómo lo veas y cómo trabajes. Algunos usamos ropa, cabellos de diferentes estilos; no creo que sea frivolidad. Es cuestión de gustos y expresión. Podemos crear arte con el cabello y con la imagen; no tiene por qué ser frívolo.

La de siempre: ¿Algún consejo para alguien que quiera seguir con esta carrera?

Yo creo que desde muy pronto sabes qué te gusta; qué te apasiona. Si te dejas llevar por las pasiones vas a encontrar lo que te gusta. Si te dejas llevar por la moda, no. Hay mucha gente que hace diseño porque está de moda; que es un barbero porque ahorita la moda es ser barbero. O tatuador. O peluquero. La gente debe hacer lo que quiera; si lo siente bien, lo hace bien y todo sale padre.

¿Y tú? ¿Qué sientes cuando cortas el cabello?

Pura pasión. Me gusta mucho tratar con la gente. Una amiga, Gabriela Bautista, me dijo: “Me encanta tu profesión porque nos das ilusiones y nos haces sentir bien”. Eso está bien padre, que la gente salga con una sonrisa. Que diga: “Me siento muy bien”. Transformar para hacer sentir a la gente, eso está muy padre.

¿Cada cabeza es un mundo?

Cada cabeza es un mundo. No hay una cabellera ni una cabeza igual que otra. Por eso, en esta profesión la geometría no existe. Todas las cabezas son distintas.

La vanidad, ¿es masculina o femenina?

Somos iguales.

Los médicos entierran sus errores; los periodistas, los publicamos. ¿Y los peluqueros?

Los ocultamos… Hay que reconocerlos y aprender de ellos. Yo tuve muchos errores, pero sobre el error viene el aprendizaje.

¿Alguien ha salido molesto de tu peluquería?

Eso no me pasa desde hace muchos años. Puede haber gente que no está conforme, pero es muy raro. A veces tienes que cambiar algunas cosas, pero son acuerdos con tu cliente.

¿Por qué venir con Vero Sainz?

Tendríamos que preguntarle a los que vienen. Para mí es difícil decir por qué vienen hasta acá. Más bien me gustaría saberlo de la gente.

¿Polanco forever?

Este lugar no se muda de Polanco. Quedaría aquí como un árbol con unas raíces muy grandes. Le tengo cariño al barrio porque el barrio ha sido muy bueno conmigo. Ha cuidado a la gente que viene. No tengo por qué mudarme. No me veo en otro lugar: ni por Chapultepec ni por la Americana… Quizás un pequeño estudio, pero ahora no.

¿Vero Sainz para otros 20 años?

Ojalá. Todos los días estamos creciendo; recibimos gente nueva. Como sea, es importantísimo conservar la calidad y la calidez del lugar. Y conservar lo que yo decidí desde hace 20 años; hacer las cosas donde me gustan.

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Alvaro Macias

Me tocó por azares del destino dirigir esta propuesta llamada La Canica que mas que una revista en un movimiento. Hago videos, ritmos y pachangas, pero en general de mi no hay mucho que decir.

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