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Entrevista a Alejandro Marcovich

Por: Rodrigo Bernal

Foto por: Fer Vega

Es un honor para mí compartir esta entrevista, con un músico que con el sonido de su guitarra dio identidad al rock en nuestro idioma. Que sutil pero sólidamente amalgama armonías latinoamericanas  a riffs crudos con voz propia. Alejandro Marcovich un verdadero Caifan.

Rodrigo Bernal: El nacimiento de un genio, Alejandro, ¿cómo fue tu primer encuentro con la música, cual fue esa escuela que te ayudo a expresar tu enorme potencial como guitarrista?

Alejandro Marcovich: Mis inicios en la música datan de la tierna infancia, como es el caso de muchos niños. En el kinder tocaba instrumentos, mayormente de percusión, en la primaria siempre formé parte del coro de la escuela, y a los nueve años, por impulso de mi madre, llegó un maestro de guitarra a mi casa. Él me enseñó a pulsar el instrumento, a tocar mis primeros acordes, y a cantar canciones acompañándome del instrumento. Curiosamente, esas primeras canciones que aprendí forman parte del cancionero latinoamericano. Las primeras, todas del folklore argentino. Mi segundo maestro, a los diez años, tomó el mismo camino, así que yo considero que ésa es la plataforma musical sobre la que crecí, y que hasta hoy viene siendo una especie de cimiento en mi formación como músico. De ahí en adelante pasaron muchos años para que yo tomará la decisión de ser un músico profesional.

RB: A tu llegada de Argentina a  México, ¿cómo te destacaste entre tantos músicos talentosos?

AM: Llegué a México con mi familia, huyendo de la dictadura militar, en 1976, a los quince años. El hecho de haber destacado dentro de la escena musical mexicana se debe a mucho estudio, por supuesto, así como a una serie de acontecimientos encadenados, empezando en el año 1981, hasta el gran éxito internacional con el grupo de rock mexicano Caifanes, con el disco “El nervio del volcán”.

RB: Detrás del insólito encuentro. ¿Qué sentiste al conectar tu vida y trabajo con dos de los futuros Caifanes?

AM: En el momento en que formé el grupo “Las Insólitas Imágenes de Aurora” con el baterista Alfonso André y el bajista Saúl Hernández, en 1984, la escena de rock en México era muy pobre. No éramos músicos profesionales, y apenas estábamos aprendiendo a componer canciones, a hacerles arreglos… Ese grupo nos enseñó muchas cosas, y nos abrió un lugar importante en la escena del rock underground de la Ciudad de México. Fue una buena época.

RB: Entre diablitos, silencios y un nervio a punto de explotar.

RB: El diablito segundo disco y tú ingreso a Caifanes. ¿Cuál era tu visión de la banda antes ser parte de ella?

AM: Cuando se desintegró nuestro grupo (Las Insólitas…), Saúl formó Caifanes con otros músicos. Yo me dediqué un par de años a trabajar como guitarrista con el cantante Laureano Brizuela, con quien anduve de gira por todo México, Estados Unidos y Centroamérica. Caifanes sonaba en la radio, y empezaron a tener algo de éxito con “Mátenme porque me muero”. El grupo gustaba, y a la vez eran un poco criticados por tener cierta apariencia al grupo británico The Cure. Su gran éxito llegó con una versión que hicieron de una guaracha cubana, “La negra Tomasa”.

A mí el grupo no me acababa de gustar, aunque reconocía su mérito en la naciente industria del rock mexicano (1988). Una vez me invitaron a verlos tocar, y mientras los escuchaba, me imaginaba frases de mi guitarra en los huecos que había en sus arreglos. El resto es historia. Con mi incorporación a la banda en 1989 para grabar el disco “Vol.2” (“El diablito”), el sonido de Caifanes cambió radicalmente y de a poco fue adquiriendo una identidad muy propia, en la cual mis solos y arreglos de guitarra tuvieron mucho que ver.

RB: El silencio un disco majestuoso, conceptual, referente histórico de arte. ¿Cómo fue la concepción musical y tu aporte como guitarrista, tomando en cuenta la participación de Adrian Belew (guitarrista de King Crimson) en la producción?

AM: Adrian, como el gran músico y visionario que es, lo que más aportó a ese disco fue la claridad en la grabación de las canciones, es decir en la forma de ir organizándolas para que todo quedará muy limpio. La identidad musical del disco, por supuesto no se debe a él sino a los cinco Caifanes, ya que las canciones y los arreglos ya estaban listos cuando lo conocimos.

RB: En el nervio del volcán, está absolutamente claro que tu llevaste las canciones a un nivel notable, ¿cuál fue tu reacción al escuchar tu trabajo terminado?

AM: Cuando escuché el disco completo, con las canciones en el orden en que iban a ir en el CD, me quedé pasmado. Lloré de felicidad. Fue un punto clave en mi carrera, porque el sueño que tuve en 1981, a los veintiún años, de crear una guitarra eléctrica latinoamericana, se había concretado, se había vuelto realidad.

RB: El 2011 un recuentro memorable de los miembros originales de Caifanes, que aparentaba dar para mucho más que una gira. ¿Por qué concluyo tu participación? Si bien no eres un miembro fundador, tú fundaste sónicamente la consolidación de la banda,  ¿qué continua sin tu presencia?

AM: Es muy simple: hoy en día, a pesar de que los cinco integrantes del grupo trabajamos arduamente para lograr no sólo la identidad de la banda sino también su éxito comercial, el único dueño de la marca Caifanes es Alfonso Hernández (artísticamente conocido como Saúl). Por lo mismo, el valor comercial de la misma y todos sus frutos le pertenecen sólo a él. Cómo fue que esto sucedió, es tema aparte. Hoy en día, Caifanes ya no funciona como grupo, y el dueño de la marca la explota como quiera, incluyendo el contratar a quien quiera para tocar con él. Yo fui contratado de 2011 a 2013, y hasta ahí quedó mi “reencuentro” con Caifanes.

RB: Alebrije, tu nuevo material como solista, dice mucho de una persona q trasciende una banda histórica. ¿Qué sientes liberación, agradecimiento, redención, reafirmación de tu talento vs. Envidia, rabia, o inconformidad e injusticia de cómo te trata la vida artísticamente dentro de un negocio musical?

AM: Estamos en el año 2016 y tengo muchos logros de los cuales estar más que orgulloso. No me arrepiento de nada y estoy agradecido con la vida por lo que tengo. Sobre todo mi talento, el cual no tiene precio. Sigo haciendo música, rodeado de excelentes músicos, y sigo desarrollando mi sueño, el de esa guitarra eléctrica latinoamericana, que me pertenece a mí porque la fui creando con mucho empeño y cuidado al paso de muchos años. ¿Qué más puedo pedir?

RB: Estoy seguro que un complemento imprescindible a esta entrevista y a mucho más, está plasmado en tu libro “Vida y Música de Alejandro Marcovich”. ¿Expresaste todo lo que querías expresar o las palabras fueron insuficientes al lado de una vivencia de esa magnitud?

AM: Creo que todo lo que escribí en el libro es lo necesario y suficiente, palabras más, palabras menos.

RB: En la actualidad ¿cómo vez la realidad en una sociedad que a veces es prejuiciosa, falsa, materialista ante el artista talentoso, honesto, inteligente y espiritual como tú?

AM: Me tiene sin cuidado. Yo hago lo mío para mí, y eso es suficiente.

RB: ¿Como adquirimos tu libro y tu nuevo material musical, y unas palabras de despedida a tus seguidores aquí en Bolivia y en el mundo?

AM: Tanto mi libro como mi nuevo disco los pueden ordenar por paquetería  escribiendo al correo- amarcovich.merch@gmail.com Ambos artículos van con autógrafo personalizado.

A mis hermanos bolivianos quiero decirles que una de mis ilusiones es ir a Bolivia. No sólo a tocar mi música, sino también a compartir mis experiencias en el mundo de la música, dando algún taller, clínica o algo por el estilo, como vengo haciéndolo en México desde hace quince años. Ah, y por supuesto a  conocer su hermoso país… ¡aunque me dé el mal de la Puna!

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