Editorial

El deseo es el que danza

Por Víctor Hugo de Padua

Los humanos, capaces de los más estridentes episodios de pasión, en ocasiones nos tornamos brillantes, vibrantes; otras oscuros, calculadores… cazadores… otras veces impredecibles.
Por eso, caracterizado como una calavera para pasar inadvertido entre los inertes del panteón, sigiloso, con el corazón ardiendo, mirada nublada, silente, acechante, casi jadeante, Agustín Salvador avanzó entre las sombras, tembloroso, a punto de estallar. Agitación violenta, animal.
Y dispuesto a desgarrar, llegó ante ella, que también, con el corazón punzante, esperaba impaciente la fusión… rotar, flotar, frotar casi hasta el fuego.
“Enséñame trucos, quiero saber de ti…”.
Los instintos los llamaron sin que pudieran evitarlo. Sus cuerpos danzaron en la noche y la huella de esa jornada bajo las estrellas quedó tatuada en su historia. Por eso él inmortalizó el suceso, para detener en vilo y ante el tiempo aquel duelo de aliento, el consuelo de los cuerpos. Y volvió esa memoria en canción, para revivir el éxtasis en cada interpretación, y la llamó “Bailemos en la oscuridad”.

*Bailemos en la oscuridad es una pieza incluida en el álbum Abre tu Corazón, de Rostros Ocultos.

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Jahdiel Paredes

Comunicóloga despistada con momentos hedonistas, curiosa por la música, amante del cine y fotografía, romántica idealista, me gusta el chocolate.

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